image1 (4)Estamos al inicio del mes de  Junio, mes que está tradicionalmente dedicado al Corazón de Cristo, símbolo de la fe cristiana. Su Divino Corazón, particularmente amado, tanto por el pueblo, la gente sencilla, como por los místicos y los teólogos, expresa de una manera simple y auténtica la “buena noticia” del amor de Dios.  Y es que en el Corazón de Jesús se resume el misterio de la Encarnación y de la Redención, pues : “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3, 16).

 “¡Sólo el amor inefable de Dios y su infinita misericordia explica la locura divina de la Encarnación y la entrega de su Unigénito, muerto en la Cruz”, con el Corazón Traspasado! (BXVI)
La Iglesia celebra la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús el viernes siguiente al II domingo de Pentecostés. En este año del 2016 celebramos dicha fiesta, el viernes 3 de Junio, pero como en cada año litúrgico, todo el mes de junio está, de algún modo, dedicado por la piedad cristiana al Corazón de Cristo.
Hay quien podría pensar que la devoción al Sagrado Corazón es algo pasado de moda, muy propia de otras épocas, pero ya superada en la actualidad. Nada más errado que este pensamiento. Esta espiritualidad del Sagrado Corazón es una realidad presente en la Iglesia, que se ha mantenido de forma permanente y actual, cobrando más fuerza y extendiéndose a medida que pasa el tiempo y que vamos entendiendo todo lo que ella representa e implica en nuestra relación con Dios y en el crecimiento de nuestra vida espiritual.unnamed

Según palabras de Papa Emérito Benedicto XVI: “Desde el horizonte infinito de su amor, Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana. Ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el Misterio invisible e inefable en el Corazón humano de Jesús, el Nazareno. En mi primera encíclica sobre el tema del amor, el punto de partida ha sido precisamente la mirada dirigida al costado traspasado de Cristo, del que habla Juan en su evangelio”.

Precisamente es de hacer notar que la Devoción al Corazón de Jesús, no es una devoción originada en revelaciones privadas sino que tiene un profundo fundamento bíblico. Desde el Antiguo Testamento ya se preveía esta devoción con las palabras del profeta Zacarías: “Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito.” Zac 12,10.

Las palabras del profeta tendrían su cumplimiento aquel día en el Calvario, cuando se encontraban a los pies de Jesús Crucificado, su Madre María, el discípulo Juan y las mujeres que les acompañaban. Allí fueron testigos de la lanzada que le dio el soldado, viéndolo ya muerto y que le atravesó el corazón del cual salió sangre y agua.

Tal como relata Juan en su evangelio: “El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: ‘No se le quebrará hueso alguno’.Y también otra Escritura que dice: ‘Mirarán al que traspasaron’. (Juan 19, 35-37).

No puedo dejar de emocionarme al tener esta devoción al Corazón Traspasado de Jesús,  pensando en que ha sido Su misma Madre  quien me ha enseñado a contemplarle y a entender que con aquella lanzada quedaron abiertas para siempre las Puertas del Cielo. Aquella lanzada abrió una fuente de gracia y de bendiciones que nada ni nadie la podrá detener de seguir fluyendo y llegando hasta nosotros.

Sólo contemplando el Corazón Traspasado puedo llegar a entender el Infinito amor que Dios nos tiene. Es allí, en esa “Cueva de Amor” como suelo llamarle, donde se que siempre tendré un lugar y en donde encontraré consuelo, reposo, luz, paz, fuerza para caminar cada día sin temer. Es una Divina Cueva en la que todos cabemos, a la que todos estamos llamados a entrar, malos y buenos, justos y pecadores. De allí sale la vida para el mundo. Es una fuente que mana sin cesar desde donde sale la  gracia y el perdón que lava todas nuestras inmundicias e imperfecciones.

Como diría BXVI: “Toda persona necesita un “centro” para su propia vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana. Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo.”

Como el mismo Papa Emérito nos ha enseñado, contemplando este Misterio es que podemos conocer  la “irrefrenable misericordia de Dios”.

Esta devoción ha sido grandemente enriquecida por el Magisterio de la Iglesia, así como por las grandes experiencias místicas como lo fue la de Santa Margarita María de Alacoque, a quien El mismo Señor  en el 1675 le pidió el que se fijara una fecha para celebrar su fiesta.  El Sagrado Corazón, le revela la profundidad de su amor por los hombres, amor hasta el extremo de dejarse traspasar, consumir, llegar hasta los mayores sufrimientos. Este amor del Corazón de Jesús, según le revela,  “se convierte en misericordia cuando toca al hombre”. La misericordia, es el amor del Corazón de Dios, que toca la miseria, el pecado, la fragilidad. En su Encíclica “Rico en Misericordia” San Juan Pablo II nos daría la hermosa enseñanza de que “cuando el amor de Dios enfrenta a la justicia y a la ley, este amor se convierte en misericordia.”

Aprovechemos todo este mes dedicado a Él, para contemplarlo y así beber de la Fuente de Agua  de vida que brota de ese Divino Corazón y reposando en su pecho, dejémonos purificar, iluminar, transformar y santificar, para que Él viva en nosotros perpetuamente.
Por: María Armenteros Malla
 
Publicado en Rayo de Luz, Junio 2016, No. 184

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