En “Las Crónicas” anterior, contábamos sobre la inauguración y bendición de la Casa de la Anunciación. Desde entonces, esta Casa ha sido como un faro de luz para cuantos se acercan a ella.  La fuerza principal está en la adoración, y desde aquel 25 de marzo de 1985 los adoradores no han faltado.

Es tan edificante ver cómo, día y noche, vienen las personas y se quedan.  Se van y vuelven, y traen a sus amigos a esta fuente inagotable de amor.

El poder transformador de Jesús

Les cuento el testimonio de una joven: un domingo por la mañana John y yo estábamos de servicio en la Casa.  Desde la recepción vi -al otro lado de la calle-, a una muchacha muy enfadada que hablaba por el teléfono público en la esquina.  Me puse a orar por ella y luego me fui a donde estaba.  La saludé y la invité a venir conmigo.   Cruzamos la calle y John y yo nos sentamos en el patio a escucharla.  Parece que había marchado de la casa de su mamá, con maleta y todo, después de una fuerte discusión.

Le hablamos del amor de Dios.  Ella estaba de muy mal humor, pero nos escuchaba.  En un momento John, mostrándole la capilla le dijo: “Mira, aquél que ves allá en esa custodia es Jesús, el único que puede darte paz.  Entra y siéntate unos minutos frente a Él”.  Ella aceptó y entró.

Como a los 5 minutos salió… pero la cara de esta joven no era la misma.  Había entrado a la capilla con una cara de violencia y amargura, y salía con una sonrisa de lado a lado.  Jesús la había transformado, y llena de felicidad nos preguntó: “y ¿qué fue lo que me pasó?” Jesús había tocado su corazón.

La primera custodia de la Comunidad

Un testimonio de San Salvador

El P. Emiliano nos contó lo siguiente sobre la adoración:

Estando en un retiro organizado por Mons. Uribe Jaramillo en Sonsón Rionegro, Colombia.  Un sacerdote de San Salvador le contó de la guerra de guerrilleros que estaba matando a la gente de su país.  Parece que las tropas del gobierno pensaban que sus catequistas y animadores de asamblea eran comunistas.  Así que, a menudo los llevaban, para nunca ser vistos jamás.

Entonces, fruto de una oración profunda, se inspiró con la idea de organizar la “adoración perpetua” en su parroquia.  Llamó a sus fieles y acordaron exponer el Santísimo en las capillas e interceder ante Jesús Sacramentado por esta situación.  En cada capilla se exponía el Santísimo por 24 horas y al terminar, le llevaban en procesión hasta el próximo paraje y capilla.  Había casi 40 capillas en esta parroquia rural.  Así que, permanentemente en uno u otro lugar de la parroquia había gente adorando al Señor sin cesar.

Desde el momento que empezó la adoración perpetua, se fue pacificando el ambiente y ya no se oía más de los desparecidos y los muertos.

Pero un día llegó la noticia de que habían llegado las tropas del gobierno, y de nuevo se habían llevado a un catequista. Estaba preso en el destacamento de la policía, y por la mañana le llevarían a la capital. Todos sabían lo que pasaría: no le volverían a ver jamás.  Todo el mundo corrió a la iglesia y empezaron una oración de intercesión que se prolongó hasta ya entrada la noche.

Mientras tanto, el catequista estaba sentado en la penumbra dentro el destacamento de la policía.  De repente se dio cuenta que la puerta de su celda no estaba totalmente cerrada.  Saliendo silenciosamente, se dio cuenta que la puerta al final del pasillo que da al patio, también estaba media abierta.

Ya, brincando de sombra a sombra en la noche, rumbo a su casa, vio que todas las luces estaban encendidas en la iglesia.

¡Puedes imaginar la alegría cuando él apareció en medio de los que estaban orando por su libertad!

Rápidamente se organizaron, y esa misma noche le despidieron y el catequista salió del país.

Bueno, ocurrió lo mismo que nos narran los Hechos de los Apóstoles acerca de Pedro en la cárcel.  Mientras los hermanos oraban, el Señor enviaba a sus ángeles a liberarlo (Hechos 12, 5-12).

A la gente que no entendía el poder de la Adoración, el Padre Emiliano acostumbraba a contar este testimonio

Si un día …

Era nada más que una confirmación cuando, -el 22 de julio de 1998 en la capilla de la Casa Magníficat en Castellón-, el P. Emiliano recibió estas palabras para todos nosotros: “Si un día ustedes descuidan la adoración al Santísimo, su comunidad comenzará a desmoronarse”.

Palabra recibida por el Padre Emiliano

El ministerio de intercesión

Poco a poco, nuestra Casa de la Anunciación se convierte en lugar de encuentro.  Antes de comenzar las Laúdes a las 7:30 am, ya la gente empieza a llegar.  Vienen para visitar a Jesús antes de irse a su trabajo.  A las 8:00 am el Señor queda expuesto y nunca se queda solo.  Pues los que ya habían venido, vuelven trayendo a algún amigo, (como la Samaritana que no pudo guardarse sólo la experiencia de encontrar a Jesús, sino que salió a anunciarlo a los demás).  Muchos vienen buscando consuelo y oración.  Así se inicia uno de los ministerios más solicitados en nuestra Comunidad: el ministerio de intercesión.  Hoy día este ministerio no puede faltar en ninguna de nuestras Casas de Oración.

Mes del Sagrado Corazón de Jesús

El mes de junio de 1985, con el Sagrado Corazón de Jesús y la solemnidad de Corpus Christi, fue un derroche de amor y de bendiciones.  Muchas personas experimentan su conversión y muchas otras también son sanadas físicamente. Más y más personas vienen a la Misa y para adorar a Jesús.  También vienen a ofrecerse para servir “en lo que sea”.  Los Siervos tenemos cada día más trabajo, pero también más alegría en poder servir a Jesús vivo en cada hermano.  El Padre Emiliano -como buen padre-, está siempre atento a todo y a cada uno de nosotros.  Nos acompaña, nos instruye y nos lanza a la evangelización a tiempo y a destiempo.  Los Siervos recibimos, y a la vez damos cursos de evangelización y evangelizamos en distintas parroquias.  Vamos de casa en casa llevando la buena nueva del Evangelio y recogemos también el testimonio gozoso de la gente al encontrarse con Jesús.

¡Sagrado corazón de Jesús en vos confío!

Misionero incansable

Día tras día, el P. Emiliano sigue como misionero incansable, compartiendo su tiempo entre la comunidad y los retiros que le solicitan desde distintas partes del mundo.  Así cuando vuelve de algunos de sus viajes misioneros, aparece aquí una multitud que lo espera a la hora que sea.  Entonces, al regreso de uno de esos viajes le sugerimos que celebrara una Misa en la entrada para poder acoger a tantos enfermos que querían que él orara por su salud.  Así el 15 de julio de 1985 organizamos una Misa multitudinaria en la marquesina frente a la Casa.  Vino mucha gente, unas 2,500 personas.  ¡Llegaban hasta llenar la calle en frente también.  Lo bueno era que todos que pasaban, quedaban.

El Padre Emiliano, misionero incansable

José Pimentel

Así fue como José Pimentel, un joven travieso del barrio al lado de la Casa de la Anunciación, alcanzó una vida nueva.

Esa tarde José salió del barrio para ir al puente y quitarse la vida.  Pero al pasar frente a la Casa de la Anunciación y ver tanta gente, le llamó la atención y se detuvo para ver a las muchachas que estaban allí.  Escuchemos lo que él mismo nos cuenta:

“Un día volví a tratar de quitarme la vida y salí amargado y decepcionado para tirarme por el puente Duarte.  De camino pasé frente a la Casa de la Anunciación y vi mucha gente.  Muchos de ellos yo conocía pues eran de mi barrio.  Era una Misa y quedé no para la Misa sino por las muchachas que vi ahí.  Quería divertirme con ellas.  El P. Emiliano celebraba la Misa y oraba por los enfermos. Yo no estaba creyendo en nada de eso, pero vi un vecino mío que era cojo y estaba parado aguantado en sus muletas.  En un momento el Padre dijo que había un hombre cojo con muletas y que el Señor lo estaba sanando. Le pidió que se identificara.

“Yo fui donde mi vecino y le dije: “compadre, pero ese cojo es usted, y si no es usted, se va a dar un estrallón en el suelo”. Ahí cogí y le quité las muletas para que se cayera, pero para sorpresa mía, se quedó en pie y se puso a caminar sin muletas.  Llegó hasta donde estaba el P. Emiliano y dio testimonio de que Jesús lo había sanado. Yo me tiré al suelo y empecé a llorar pidiendo perdón por mis pecados.  En ese momento escuché que el Padre decía: «Aquí hay un joven en droga. Ha peleado con toda su familia. Está muy triste. Pero el Señor lo está tocando en este momento». Todo el cuerpo se me estremeció pero no me identifiqué. Me volví a mi casa.  Al otro día volví a la Anunciación y fui a hablar con el P. Emiliano y empecé una vida nueva”.

John y yo somos testigos de este testimonio de José, pues nos tocó la dicha de prepararlo y de ser sus padrinos.  Meses después el mismo P. Emiliano lo bautizó y le dio la primera comunión.

Una sed ardiente de la vida de oración

La oración y la evangelización son inseparables. “El apóstol es un cáliz lleno de Jesucristo hasta los bordes de la vida, y que a medida que rebosa se va derramando sobre las almas”, y ora así: “Oh, Señor concede a tu Iglesia numerosos apóstoles, pero haz también revivir en sus corazones, devorados por el deseo de darse al prójimos, una sed ardiente de la vida de oración, Da a tus siervos esta acción contemplativa y esta contemplación activa”. (‘Alma de todo Apostolado’ de J. B. Chautard).

Nosotros los Siervos

La Casa de la Anunciación en Santo Domingo, fue bendecida y quedó abierta al público en la fiesta de san José, 19 de marzo de 1985. A partir de este día, Pura y Emenegilda quedaron a vivir en la Anunciación acompañadas más tarde por Magdalena Batista.

El P. Emiliano pidió a John y a mí buscar un apartamento cerca.  Y como san José ha tenido siempre una atención esmerada sobre nosotros los Siervos, le entregamos a él esta encomienda, pidiéndole que fuera: con buenos vecinos, tranquilos y bien cerca de la Anunciación, y así fue.  Con los vecinos somos como una sola familia. Oramos y celebramos juntos.

Desde entonces estamos en un apartamento en el cuarto piso desde donde puedo contemplar y alabar a mi buen Dios en la belleza de la naturaleza (y también puedo escribir para mis hermanos Siervos).  Estamos tan cerca de la Casa de la Anunciación que yo llego en 5 minutos caminando (por supuesto que a John le lleva sólo como 3 minutos).  La Sagrada Familia son los dueños de esta casita y nosotros compartimos con ellos.  Gracias a san José.

Obras en la Casa de la Anunciación:

Desde el día de su inauguración, nuestra Casa de la Anunciación se convirtió en un lugar de acogida y de consuelo para muchos.  Muy pronto los espacios se hicieron pequeños.  Tuvimos que quitar la marquesina para ampliar la capilla y fue necesario convertir el patio interior en el salón para acoger a los cientos de personas que visitan este lugar.  Recuerdo aquellas vigas tan grandes que los ingenieros colocaban para poner el techo y transformar este hermoso patio español en un gran salón donde -desde entonces-, se celebran tantas actividades: las Misas diarias, los grupos de oración, los encuentros, los retiros, y sobre todo, nuestras reuniones comunitarias semanales, que han hecho de un grupo de individuales una gran familia, unida en el amor de Cristo y en el amor de unos con otros.

Hoy día, la Comunidad Siervos de Cristo Vivo es una familia repartida por varios países, proclamando al mundo que ¡Jesús está vivo!  Y la Casa de la Anunciación es como la “casa madre” de nuestra Comunidad.  A ella llegan todos y de todas partes.

En este mismo año de 1985, el P. Emiliano, con el permiso de sus superiores, vino a vivir en la Casa de la Anunciación y desde aquí sale a dar retiros, acompañado por algunos Siervos.  ¡Cuánto aprendimos de él!  Nos enseñó con sus palabras, con un interés especial en la formación de todos los Siervos.  Pero sobre todo, nos enseñó con su ejemplo y con el fuego que ardía en su corazón para que todos conocieran a Jesús.

Santiago Rodríguez

Recuerdo cuando nos fuimos con él a Santiago Rodríguez, en la línea Noroeste y nos perdimos en el camino.  Bueno, nosotros nos perdimos pero el Señor encontró a muchos y a muchas durante este fin de semana.  Entre ellas fue un grupo de mujeres en un prostíbulo cercano.  Una Religiosa, después de hablar con la responsable, nos llevó allí, y el P. Emiliano con su amor paternal proclamó a Jesús en su inmenso amor y misericordia para todos.  Como consecuencia, al otro día en el retiro, asistieron la dueña del prostíbulo y algunas de sus muchachas.

Lo primero es lo primero

El P. Emiliano nos guió primero hacia a Dios, pues lo primero es lo primero.  La vocación a la oración es lo primerito en la vida de un Siervo de Cristo Vivo, por eso la Capilla de Adoración es el corazón de todas y cada una de nuestras casas de oración.  Allí -día y noche-, Jesús nos espera y nos acoge como amigos.  Desde la fundación de nuestra Comunidad el Arzobispo nos dio el permiso para tener el Santísimo expuesto, y así ha sucedido en cada Diócesis donde hay una casa de oración.  Jesús, presente en la Eucaristía, es el regalo más grande en nuestras vidas.

 “La oración es insustituible”

Es del P. Emiliano esta cita: “La oración es insustituible”. Conservo en mi mesita de noche el libro que por esos años nos regaló: “El Alma de todo Apostolado” sobre la vida interior. El padre amó de manera entrañable al Corazón de Jesús, a la Eucaristía, a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, a la Iglesia.  El P. Emiliano, abrazado con el fuego del amor de Cristo, fue el testigo que no escatimó esfuerzo para gritar al mundo que ¡Jesús está Vivo!  Como buen MSC, bebió de la fuente del Corazón de Jesús y nos dio a beber a todos nosotros de los escritos del P. Julio Chevalier, quien fundó su congregación en 1854.

Dejó como sello en nuestros corazones, su amor y su celo por la extensión del Reino de Dios.

“El alma de todo Apostolado” de Dom J. B. Chautard 

Su sentido de humor

Pero también el Padre nos hacía reír a carcajadas con su sentido de humor, contándonos sus chistes y anécdotas. Les cuento una de ellas:

“Una pareja celebraba sus 50 años de casados, y le pidieron al esposo que dijera algo sobre su experiencia de este 50 aniversario.  El viejito se puso de pie y apoyado sobre su bastón, dijo: Cuando nosotros nos casamos, mi mujer estaba tan bella, tan bella, que yo me la quería comer.  Y, ahora yo me pregunto ¿y por qué no la comí?”.

La comunidad evangeliza también por los medios

Este mismo año de 1985, se bendice el estudio de televisión de Lumen 2000.  Ya habíamos empezado con algunos programas de evangelización:  “Alabanza” por la radio, y “En el Camino” por televisión.  Pero la visión del Padre iba mucho más lejos. Y entonces la piscina en el patio se convierte en estudio de televisión.

La Piscina

También aprendimos del Padre Emiliano el dicho del P. Julio Chevalier que “los obstáculos se convierten en medios”. Un día regalaron un carro a la Anunciación y Eme y Pura empezaron a tomar clase de conducir para usar el carro para hacer la compra. Así avanzaban en sus clases, y un día Eme, muy decidida, se metió en el carro y lo puso en marcha para ir al supermercado.

El carro estaba detrás de la piscina vacía de agua. Eme no se fijó bien en el cambio.  En lugar de la ‘primera’ puso ‘marcha atrás’, y…!chulumpunnnn! directo a la piscina!

Pero Eme tiene un ángel de la guarda muy poderoso.  La encontramos muy asustada pero bien agarrada del guía sin el más mínimo daño, en el fondo de la piscina.  Gracias Señor.

¿El carro? ¡Tuvimos que buscar una grúa para sacarlo!

Lumen 2000

Hace tiempo el P. Emiliano estaba hablando de usar la televisión como un medio de comunicación para la evangelización.  Entre otras cosas, había aprendido que el aire acondicionado era un gasto importante en los estudios de televisión, porque las cámaras deben quedar a una temperatura constante. Así que, muchos estudios se construyeron bajo el nivel de la calle, para que el aire frío no podría escapar.

El día después del “chapuzón” de Eme en la piscina, el Padre Emiliano tuvo una inspiración: se puede construir un estudio de televisión donde estaba la piscina.  Así que “los obstáculos se convierten en medios”.  Meses después junto a SER Monseñor de la Rosa y el P. Emiliano, inauguramos el estudio de Lumen 2000.

Lo que era un problema se transformó en un poderoso medio de evangelización.

Las Monjitas

Este año también el Padre trae de Canadá unas religiosas que tienen el don de evangelizar con el canto y la danza.  Para ellas se construye sobre la librería Sígueme una casita que será su residencia. Ellas nos acompañarán en los retiros y otras actividades de evangelización. Fueron por largo tiempo una gran ayuda en la evangelización.  Después regresaron a su país y ahora en esta casita están las oficinas de la Comunidad.

Iglesia de la Paz, La Feria, Santo Domingo

Vayan a todo el mundo y hablen de mí

La evangelización también se hicieron a través de libros y casetes, al acompañar a los predicadores en los diferentes retiros dentro y fuera de la capital.

También en las calles.  Así empezamos John y yo a visitar una zona de la Capital que se llama “La Feria” por las noches para encontrarnos con nuestras hermanitas que se dedicaron a “buscársela”.  No olvidaré que las dos primeras las encontramos frente a una iglesia y una tercera estaba en una esquina esperando clientes y leyendo el librito de los “15 minutos con Jesús Sacramentado”.

Dios estaba ahí con ellas y nos mandó a nosotros a ir a descubrirle a El oculto también en esos corazones agobiados.  Estas tres son hoy día, como parte de nuestra familia y sus hijos son nuestros ahijados de bautismo y confirmación.

Recordamos aquí también el retiro con el P. Emiliano, María, Evaristo, Yolanda y Marino Ureña en Nagua, donde encontraron a Miriam enferma de cáncer y enferma del alma en la prostitución.  El Señor la sanó y cambió su corazón y ahora ella da su testimonio públicamente de la obra de Dios en ella.

Concluyo hoy con parte de unas palabras que María recibió en 1982:

“Ustedes son como corona para mi cabeza.  Mientras uno se afanan por acumular riquezas,  ustedes se afanan por acumular tesoros para el Reino.  Ustedes son mi regocijo, ustedes son mi consuelo…  la obra que les encargo es, por eso, una obra de amor.  Porque sólo el amor puede llegar a los hombres que me han dado la espalda…  Comprendan que esto es obra mía, obra de mi sacratísimo corazón que está siempre latiendo por los hombres.  Mi amor no se cansa, no se apaga, mi amor se renueva a cada instante.  Mi amor es como fuego ardiente que quema lo más íntimo del corazón del hombre.  De ustedes quiero que vivan una vida de amor.  No les pido que hagan muchas cosas, pero sí les pido que amen mucho.  Que amen hasta que se les destroce el corazón como Yo dejé que destrozaran el mío…  No se propongan a hacer grandes planes.  Propónganse a amar mucho.  Pocas cosas, pero lo que hagan, háganlo con amor”.

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